“Gracias al arte urbano la imagen de Tordesillas está repartida por todo el mundo”

El muralista Carlos Adeva estrena su último trabajo en Tordesillas, un homenaje a la llegada de Carlos V, precisamente cuando celebra 25 años de trayectoria profesional

A pesar de ser natural de Toro -donde se crió en medio de una estética medieval inspirándose en figuras como la de Delhy Tejero- Carlos Adeva está íntimamente ligado a Tordesillas. Desde 2004 regenta su propia tienda de artesanía en la Plaza Mayor, donde, gracias a sus obras, permite a los turistas llevarse un pedacito de la historia de la Villa. Aunque si ha habido una manera efectiva de difundir, a nivel internacional, el patrimonio cultural local, ha sido gracias a la ruta turística que, desde 2012, y a través de sus murales participativos de arte urbano, ha llevado a cabo Adeva, logrando convertir paredes desoladas en auténticas obras de arte que reflejan nuestra historia.

El pasado mes de julio Adeva estrenó su último trabajo, que se suma a este recorrido histórico, en este caso un homenaje a la llegada de Carlos V a Tordesillas, en la que ha aunado motivos festivos, con figuras como el tamborilero, con medallones que ponen de relieve la figura de la tan querida Reina Juana I de Castilla. Se trata esta de una obra participativa, y es que “no podría entenderse de otra manera”, según Adeva, que confiesa que, “aunque en un principio costó implicar a las instituciones, el Ayuntamiento ha sabido implicarse y los resultados están siendo muy positivos”.

El arraigo de Adeva le ha llevado a participar activamente en la creación de faroles, aunque otra faceta suya es la que desarrolla en su propio taller, donde da clase a vecinos
de todas las edades. “No me gusta considerarme profesor, simplemente ayudo a la gente a expresar lo que tiene dentro, les inculco el cariño por el arte e intento estimular su parte creativa para que descubran su técnica particular”, afirma. Adeva, que además da clase de técnicas pictóricas en el Centro Regional de Artesanía, cuenta precisamente con una buena formación, fruto de sus años en la Escuela de Artes y Oficios de Salamanca y de su estancia en París. Sin embargo, su principal fuente ha sido siempre, tal y como reconoce, “el trabajo y la observación”. “He evolucionado mucho, puedes ver mil cosas mías y no parecen del mismo artista”, afirma, recordando que su primer trabajo consistió en un mural que pintó con 13 años y unas ceras ‘Manley’.

Tras decorar fachadas de todo tipo, Adeva fue encontrando su camino como muralista, hasta convertirse en uno de los primeros promotores del arte público en la región.

Como artista polivalente, Adeva entiende que el oficio de artista conlleva “tocar todos los palos” y no comprende la especialización a la hora de crear. El toresano considera que, aunque la crisis ha afectado al sector artístico, “no necesito mucho para vivir, y las obras que hago las cobro de manera justa en relación al trabajo que me llevan”. A Adeva tampoco parecen motivarle los premios, aunque se convirtiese en ganador del Acor en 2015. “Voy a seguir trabajando igual, como mucho me ha ayudado a que me conozca más gente”, afirma en referencia al galardón, que no esperaba ganar por haber presentado una obra “muy personal” que no se adaptaba a la corriente del concurso.

Precisamente con motivo de la celebración de sus 25 años de carrera artística, Adeva prepara, para el próximo año, una colección general de sus obras que posiblemente sea instalada en Toro, donde acaba de ser pregonero de las fiestas. No es habitual que el artista desarrolle muestras -por suponer una gran inversión de recursos- aunque ha sido protagonista de varias exposiciones itinerantes a nivel internacional. A la hora de proyectar su arte fuera de nuestras fronteras, Adeva guarda con especial cariño el recuerdo de su mural realizado en Recife (Brasil), donde fue invitado a homenajear, a través de su trabajo, al poeta Paulo Leminski. “Para los brasileños el tratado de Tordesillas es muy importante”, destaca, incidiendo en que “hubieran preferido ser colonizados por españoles; dentro de lo que cabe, la primera universidad de latinoamérica está en Ciudad de México”, concluye.

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