La ceramista tordesillana cumple dos décadas en su taller, desde el que sigue inculcando la ‘cultura del barro’ a grupos de vecinas, siempre con la experimentación por bandera

Entre la rica y variopinta oferta artesana que atesora Tordesillas, Alicia Santiago se ha hecho un nombre gracias a una trayectoria de esfuerzo y dedicación. No en vano los hornos de su taller cumplirán nada menos que dos décadas transformando distintas arcillas en auténticas obras de arte, mientras que su taller se ha convertido, con el tiempo, en una auténtica escuela del barro. Amante de la artesanía desde su más tierna juventud, Santiago se formó en la Escuela Municipal de Cerámica de Valladolid, y aunque amaba todas las ramas artísticas y creativas, su historia con la cerámica fue un flechazo a primera vista. A lo largo de todos estos años, su estilo ha ido evolucionando y su técnica se ha perfeccionado. “Cuando empecé no tenía una línea concreta, pero con los años he ido desarrollando un estilo, en el cual están muy presentes los colores vivos”, explica la tordesillana, quien siempre intenta ir cambiando dentro de un universo “infinito, con multitud de técnicas, opciones y tipos de materiales”.

La inspiración, para Alicia Santiago, llega siempre, sobre todo, trabajando. “En el proceso creativo es cuando se te van ocurriendo nuevas ideas, retos y desafíos, y vas pasando de una técnica a otra”, apunta la ceramista, quien en el pasado viajaba para conocer nuevos estilos, si bien reconoce que Internet ha abierto las puertas a multitud de ideas. Asimismo, confiesa que la evolución de las redes sociales han permitido a los artesanos dar a conocer su trabajo y llegar al cliente, mientras que hace años solo existían las ferias o la venta directa a través de tiendas.

De entre sus trabajos más vendidos destacan sus famosos ‘gorditos’, un auténtico referente que basan su atractivo en ser un producto 100% personalizado. “Tengo un nicho de mercado muy amplio, en gran parte de gente de fuera de Tordesillas. Muchos gremios los encargan de manera masiva y su venta sigue funcionando muy bien a través del boca a boca. Precisamente es mediante recomendaciones como más suele llegar la tordesillana a sus clientes, también a la hora de vender sus conocidos espejos, letras y productos de decoración de todo tipo. Especialmente tras la llegada de la pandemia, que ha dado al traste con la venta en los tradicionales mercados y ferias.

En este sentido, señala que el Covid-19 ha obligado al sector a reinventarse, sobre todo a la hora de dar a conocer sus productos de manera online y de renovar imagen y productos. “Creo que las vías de distribución no van a ser las mismas en adelante, hemos aprendido que no podemos depender de la celebración de una feria”, reflexiona. En su caso, la pandemia también le ha obligado a reorganizar sus clases de cerámica, y es que Alicia Santiago también se dedica a la formación, con grupos de vecinas con hasta veinte años de antigüedad. En sus clases, le gusta ayudar a desarrollar las tendencias creativas de cada alumna -unas veinte- y además ofrece talleres a lo largo y ancho de la provincia.

Si hay un deseo pendiente para la ceramista es “dedicar más tiempo a la experimentación”, algo que “normalmente no puedo hacer por falta de tiempo”. “En la pandemia pude dedicarme a explorar nuevas ideas y técnicas, pero los ánimos no acompañaban demasiado”, lamenta. Además, la tordesillana defiende la calidad y personalidad a la hora de elaborar productos “con un toque especial” sea para el consumo propio o para regalar. “Regalamos siempre las mismas cosas, y parecemos clones con las mismas marcas. Estamos rodeados de cosas de mentira, sin alma, y el consumismo suele ser muy rápido y en cadena. A veces hace falta optar por un detalle especial, algo que nos diferencie, y por suerte sigue habiendo un nicho importante de personas que piensan así”, concluye.