El tordesillano, ex del Real Valladolid y el Burgos C.F., jugó en primera división la temporada 75-76, donde coincidió entre otros con Cruyff, Kempes o el mítico Juanito, con quien conseguiría el ascenso a la máxima categoría.

Desde muy pequeño, el tordesillano Antonio Nozal empezó ya dando sus primeros toques con el balón. “A mi madre le rompía los tiestos”. Donde había una pelota, allí estaba Nozal, quien recuerda con anhelo los primeros partidos en la localidad en las antiguas eras, que es donde jugaban los chavales de entonces. Permaneció en Tordesillas hasta los once años, edad con la que se escolarizó con los Salesianos, lo que le llevó a trasladar su residencia a Astudillo, posteriormente a Allariz, y luego a Cambados. Una vez que terminó su paso por allí, retornó a la villa para cursar sexto y reválida. “A mi llegada estuve jugando en la Medinense con 16 años en tercera división. Recuerdo cómo me tuvieron que hacer un examen físico, ya que, por aquel momento, no se podía jugar en esa categoría hasta los 18 años”.

Su paso al fútbol más profesionalizado lo dio de la mano del Europa Delicia -filiar del Real Valladolid por aquel entonces-, con Coque como entrenador, donde debutó en León a las dos semanas en Tercera División. “Nos dieron un baño de narices”, apunta Nozal. “Pasé a la siguiente temporada al Real Valladolid, jugando mi primer partido contra el Salamanca, donde ganamos por 1-0, y el segundo frente al Ourense, donde tuve que cubrir a una de las figuras de mi infancia, Beloso”. Por cuestiones de la mili, estuvo jugando un año en Ceuta con los Caballas. “Fue un año fantástico, y luego volví al Real Valladolid, jugando dos años en segunda”. Antes de firmar por el Burgos C.F., pasó unos meses en el Palencia.

Como todo deportista, vivió un momento negro en su carrera deportiva. “Me lesioné en el Bernabéu. Me partí el tendón y el tobillo ya lo tenía mal. Una lesión de estas antaño implicaba retirarte. Los campos estaban muy mal y no había los avances de ahora. Me hicieron una zanganada esa temporada, ya que me habían dicho que me iban a renovar pese a estar lesionado pero no fue así. Me tocó, pues, ponerme a trabajar. Entré en la Michelín, empresa en la que he estado toda mi vida hasta mi jubilación”.

De los recuerdos en su memoria, está su debut con el Real Valladolid. “Fue la leche debutar gracias a Saso, que estaba de entrenador en la temporada 69/70. Tenía muchos nervios, pero luego una vez que entré en el partido se me fueron quitando. Conseguimos ganar a la U.D. Salamanca, que era uno de los gallitos de segunda. Posiblemente el partido en que peor lo pasé fue frente al Osasuna en ‘El Sadar’, ya que había mucha presión del público”.

A nivel anecdótico, recuerda cómo tuvo la suerte de marcar a Cruyff o a Rubén Cano –argentino que militó en la Selección Española– “donde la tuve con él de narices. A mí se me daban muy bien los jugadores altos”. También coincidió con Kempes, en un partido en que consiguieron ganarle por 1-0 al Valencia.

Recientemente Nozal ha sido reconocido con el premio ‘Leyenda deportiva de Tordesillas’. “Ha sido un orgullo ser reconocido en tu municipio. Sobre todo porque se trata de generaciones nuevas, ya que hace mucho que yo dejé de vivir en Tordesillas. Ahora voy menos a raíz de la muerte de mis padres, aunque siempre me gusta volver a mis orígenes”, reconoce.

Nozal, el chico de las casas nuevas que triunfó en el estadio del viejo Zorrilla, sigue con la vitalidad de un joven, ahora al cuidado de sus nietos, mientras que el deporte continúa significando para él algo más que una forma de entender la vida y construir su día a día.