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Luis Rivero, galardonado por una trayectoria de más de tres décadas como ceramista

Tras recibir el premio internacional Manuel Ceinos, el artesano se plantea entre sus metas la puesta en marcha de una escuela taller.

Ubicado en pleno Barrio de los Cacharreros, donde, poco a poco, los artesanos tradicionales de alfarería han ido desapareciendo, el taller de Luis Rivero se mantiene impasible al paso del tiempo. Con cerca de 35 años en funcionamiento, este enclave ha sido testigo mudo de la evolución de un ceramista que comenzó dando sus primeros pasos con el torno y, que hoy en día, destaca por su particular estilo presente en sus esculturas esmaltadas. “Empecé en los años ochenta, y creo que fue la cerámica la que se inició en mí”, apunta el tordesillano, quien se formó gracias a los conocimientos adquiridos en la Escuela de Cerámica de Valladolid, los cuales le sirvieron como base para perfeccionar su técnica de manera autodidacta.

Aunque empezó siendo tornero, Rivero fue, poco a poco, trabajando técnicas de placas o urdidos, así hasta llegar a desarrollar la escultura, actualmente su fuerte, la cual elabora ensamblando formas trabajadas al torno con otras piezas modeladas. En cuanto a la decoración que emplea, en un principio desarrolló los ahumados, si bien después el horno de gas le permitió “investigar y hacer trabajos de cenizas vitrificados, con engobes o piezas en porcelana elaboradas a base de minerales”.

Nunca ha dejado de trabajar el barro rojo, al que suele dar una temperatura de 1.100 grados. Por otra parte, los esmaltes y su colorido son la seña de identidad que dan ese aspecto tan característico a sus trabajos. No en vano el tordesillano ha investigado, durante tres décadas, sus propios esmaltes, elaborados a base de minerales y metales como la plata, a menudo mezclada con cobalto, cobre o bismuto. A través de un proceso que él denonima ‘carbonación’, Rivero logra obtener los colores deseados, aplicando una técnica que tiene que ver con la cultura hispanoárabe.

Los motivos inspirados en Tordesillas, así como equinos o taurinos, se suceden en sus piezas, las cuales tienen una estética vanguardista realmente característica. A la hora de darles salida, Rivero recorre distintas ferias de cerámica de toda la comunidad. “La cerámica es un sector muy duro, pero en Castilla y León tenemos una tradición alfarera muy importante, así como ferias de cerámica muy destacadas como la de Zamora, la más antigua de España”, afirma el artesano, quien señala que “en las ferias se vende mucho mejor que en cualquier galería”. Así, esculturas, cuadros o piezas pequeñas como colgantes o anillos son sus obras más solicitadas.

Precisamente en la última feria que ha participado, este mes de junio -la Feria Chica de Palencia- el tordesillano ha recibido el primer premio en el VI Certamen Internacional Manuel Ceinos. “Es la primera vez que recibo un premio, no suelo participar en concursos”, apunta Rivero, quién subraya la importancia de estos reconocimientos a la hora de seguir creando.

El ceramista ha llevado a cabo diversas exposiciones colectivas e individuales, celebradas tanto en Tordesillas como por el resto de España o incluso Francia y Portugal. “He aprendido mucho de ceramistas extranjeros, e incluso algunos de mis clientes vienen desde Inglaterra, Holanda o Estados Unidos”, señala.

Otro de los proyectos de futuro que se plantea es impulsar la cerámica a través de un taller escuela, lo cual siempre ha tenido en mente. Después de haber impartido clases, durante dos años, a mujeres en situación de desempleo, Rivero cuenta ya con experiencia a la hora de enseñar técnicas. “El reto para mi futuro es trabajar y seguir investigando, y el tiempo traerá sus frutos”, señala el artesano, quien se muestra partidario de potenciar y difundir la cerámica.

“Deberían empezar a introducir el barro en los colegios, es algo que produce muchas sensaciones y es muy importante. Durante milenios la humanidad ha estado en contacto con la cerámica, la cual es parte de nuestras vidas y nos ha ayudado a progresar”, señala el tordesillano. Pese a las dificultades del sector, y aunque “hace años que no salen nuevos ceramistas jóvenes” considera que “no podemos dejar que en el siglo en que vivimos la cerámica llegue a morir”. “Debemos educar a la sociedad a apreciarla desde pequeños, como en otros países”, concluye.

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