El Museo del Encaje de Tordesillas cumple 20 años convertido en un centro de referencia que atrae a numerosos investigadores y visitantes de todo el mundo

Aunque la palabra encaje no aparece en los registros históricos hasta el año 1590, existen múltiples referencias previas de este arte centenario que practicaban personalidades como Isabel la Católica o la propia Reina Juana. La técnica, ejecutada únicamente en monasterios y palacios, llegó a adquirir una importancia espectacular entre las élites castellanas de los siglos XVI y XVII, para caer posteriormente en un olvido que amenazó con borrar los vestigios de su legado. Sin embargo, a finales del siglo pasado, Nati Villoldo decidió dar un paso adelante a la hora de proteger e impulsar este bien cultural, instalándose en Tordesillas con el objetivo de fundar la que, hoy por hoy, se ha convertido en la única casa-museo y centro didáctico del encaje de todo el país.

“Elegí venir a Tordesillas porque me sentí atraida por la figura de la Reina Juana, una personalidad muy desprestigiada sobre la que no he dejado de investigar”, apunta Villoldo, quien, natural de Venta de Baños, vivió gran parte de su vida en Barcelona. Decidida a dejar atrás la ciudad condal, y tras estudiar doce años en la Escuela Massana, la venteña se decantó por la Villa del Tratado para impulsar una labor de difusión de la cultura castellana y leonesa. Así, dedicó años a investigar por toda Europa, así como en los archivos de la región, fundando una casa-museo que lleva 35 años y que cumple 20 desde su inauguración oficial en el número seis de la calle Carnicerías.

Además de la colección que alberga -mil piezas expuestas de 35.000 que atesora en total- el museo contiene la biblioteca de textil más amplia del país, y es un centro didáctico de investigación donde se han recuperado técnicas clásicas de encaje de toda España. Todo ello le confiere un carácter único que le hace merecedor de no pocas visitas de turistas e investigadores a nivel internacional.

“Todo empezó como una apuesta personal, es altruismo puro y duro, porque cada pieza la he comprado yo misma”, apunta Villoldo, quien considera que “todos tenemos que trabajar por la sociedad y este patrimonio no puede perderse después de tantos años de lucha para protegerlo”. Con un precio de entrada simbólico, los visitantes pueden disfrutar de piezas únicas de alto valor artístico, como el espejo de Ana de Austria, reina de Francia, que se fabricó en Tordesillas hace 500 años.

“Nos han llegado a ofrecer talones en blanco por algunas piezas, y a menudo hay modistas europeos que piden encargos, pero bajo ningún precio venderíamos nada”, apunta Villoldo haciendo referencia a las obras creadas por ella misma y por los alumnos del centro didáctico. Estos, matriculados en un programa de seis años de duración, tienen ocasión de aprender técnicas de dibujo, diseño e historia del encaje, entre otras materias, en un proceso que lleva años de desarrollo. Algunos integrantes de esta “gran familia”, como el tordesillano Juan Carlos Posada, despuntan además con sus creaciones abstractas enmarcadas dentro del encaje contemporáneo, habiendo logrado varios reconocimientos internacionales.

Entre los diversos encuentros internacionales en los que participan, destaca el la buena conexión existente entre Tordesillas y la Escuela de Amberes, junto con quienes se producen inumerables colaboraciones. El nexo histórico entre Castilla y Flandes, en este sentido, es muy fuerte debido a la presencia española en la zona durante el Siglo de Oro. En este aspecto hay que destacar que, durante siglos, Castilla recibía, periodicamente, la mercancía de innumerables buques cargados de trabajos de encaje manufacturados en las actuales tierras belgas.

“En Europa el encaje está muy protegido, siendo en muchos países patrimonio de la humanidad”, afirma Villoldo, quien cree que “en España las instituciones deberían volcarse más para proteger este arte”. La agenda de Nati Villoldo, quien además preside la Asociación del Encaje de la región, pasa por visitar Croacia en septiembre para dar difusión a sus piezas, además de celebrar, en octubre, una exposición internacional sobre mitología en el encaje en las Casas del Tratado.

Con respecto al futuro del centro, Villoldo expresa su deseo de “donar a Tordesillas toda la colección, a través del Ayuntamiento, para seguir fomentando el turismo de la Villa y poder seguir investigando sobre este bien artístico”. “Todo lo que siento es amor a Castilla y León”, concluye.